21/10/15

La rutina de Don Baruj

Piensa Don Baruj que el tiempo no transcurre en vano. 
“El torbelino de la edad--escribe en su carnet--se lleva todo por delante, como a ciegas, inmutable. Y hay quienes van a tumbos por la vida, confundidos e impotentes contra la corriente del aluvión de sus días que los arrastra a no saben dónde”. 
“Son los más”, piensa conmovido. A su alrededor los clientes del café se le muestran en su humana imperfección: seres sometidos a las ráfagas de las horas, de los años, de los siglos que los ignoran. En una mesa reconoce en los tres hombres que conversan sombríamente a los que sólo ayer eran muchachos adolescentes, sorprendios y vitales en su ingenuidad juvenil.  
“Las fechas--sigue escribiendo--se suceden unas a otras más o menos rápidamente según se den las cosas”. 
Se detiene a pesar en lo que ha sido su propia vida y en lo disparatado de un proyecto vital que sabe no podrá jamás cumplirse cabalmente. 


Apoya la pluma sobre el papel y con mano segura escribe: 

“La rutina--que también pudiera llamarse disciplina, si se quiere--impone sabiamente la calma del ritmo justo, el adecuado a la labor de los días y al reposo vespertino del café y a veces la tertulia. No hay mejor metrónomo que el de las horas bien administradas: sin apuros equivocados, sin las desganas de la acedia morosa del desengaño--no transcurre el tiempo en vano--inevitable.

1 comentario:

Lula Jay dijo...

Admiro y respeto a Don Baruj. Muy sabio.