16/1/22

Don Baruj y el genio de la lámpara

--Me temo--dice don Baruj--que nadie entre nosotros sabe lo que de veras queremos y que, de aparecérsenos el genio de la lámpara, no sabríamos pedir otra cosa que dinero y la imposible inmortalidad. 

Le reprocha alguno su cinismo y otros comentan qué le pedirían al genio todo poderoso.

--Seguramente el genio nos deja muy en claro que no puede otorgar lo que no existe--les advierte don Baruj a los entusiastas. --Que no le pidamos, entonces, ni la felicidad ni el amor, nos dice el genio, ni mucho menos la vida eterna. 

Todos callan ahora, pensando ensimismados qué le pedirían al genio si el genio los visitara.

--Supongo--agrega don Baruj-- que con los siglos, o los milenios más bien, el genio ha aprendido a no sorprenderse de lo que los seres humanos le pedimos. Ya ni se sorprende ni se ríe; la sonrisa irónica, sin embargo, no creo que pueda evitarla.




25/10/21

Perplejidades de don Baruj

--No me hagan caso--nos dice don Baruj. 


Acababa de hacer un comentario que nos dejó perplejos.


--Quienes les damos demasiada importancia a las palabras--admite--nos dejamos engañar por lo bien que suenan: solemos decir sonoras estupideces. 


Razón tendrá. Hay pruebas suficientes.


--No hay que dejarse engañar por los arrebatos de la poesía--concluye don Baruj con otro de sus comentarios para perplejos.

Después de todo, habrá que hacerle caso a lo que dice.




18/10/21

Preferencias de don Baruj

Al café y su lustre y aroma de tinta inspiradora prefiere don Baruj el pálido esplendor y el ambarino aroma de una taza de té.

24/9/21

Don Baruj y sus trucos de perro viejo

--Perro viejo no aprende trucos nuevos--responde don Baruj a la sugerencia que alguien le hace de que se compre un computador portátil que le serviría tan bien para su escritura.

Que don Baruj sea perro viejo no lo disputa nadie.

"Es más--escribe más tarde y para sí mismo en su libreta--, el perro viejo, que algo de sabio tiene y no poco de sentimental, se apega a los trucos que aprendió de joven, a esa edad remota que le parece no haber sucedido nunca y existe sólo en sus ensueños y fantasías".

Lo escribe, como lo ha hecho siempre: a mano, acodado en la mesa, dejando que la magia de pluma y tinta--rumor y aroma--le diga al papel sus más íntimas palabras.

18/9/21

Las "cosas de viejos" de don Baruj

Últimamente don Baruj se ha vuelto muy distraído: no es raro que se deje esto y lo otro olvidado en la mesa del café cuando se levanta para irse a dar su cotidiano paseo vespertino por la costanera.

Varias veces en estas últimas semanas ha dejado olvidado un libro, una de sus plumas fuentes, un pañuelo--con sus iniciales bordadas hace mucho por alguna mano querendona--, la cuenta sin pagar, los anteojos . . . e incluso su libreta de bolsillo: ese vademécum que, por serlo, lo lleva siempre consigo.



--Es cosa de viejo decrépito eso de andar dejando sus pertenencias tiradas por todos lados--dijo en sorna alguien que no le tiene ningún respeto porque es viejo y porque le habrá dicho alguna verdad que no le gustó para nada.

Este descuido reciente de olvidar su libreta de tanta nota bien pensada debió causarle a don Baruj una preocupación exagerada y, al parecer, dañina. Se lo vio entrar al café al día siguiente del extravío más temprano que de costumbre en un estado de alteración apenas controlada. Alguno llegó a observar que parecía haber envejecido.

--Cosas de viejos estos olvidos--se disculpó con un suspiro don Baruj, ya recuperado del mal rato del extravío y solo después de un sorbo reconfortante de su té recién servido.

"Cosas de viejos esto de irse olvidando poco a poco de todo lo que uno cree que importa y no importa tanto" habrá escrito minutos después en su cuaderno recuperado. Lo vimos inclinarse sobre el mismo y escribir largamente, ajeno a todo, como lo ha hecho siempre desde hace tantos años.

Más tarde, al entablarse con él una conversación sobre sus descuidos observó que no habría que preocuparse demasiado de los olvidos seniles mientras lo que se pierda no sea la cabeza.

--Y ésa--añadió con malicia--la pierden muchos mucho antes de llegar a viejos.

9/6/21

Don Baruj conversa con uno de sus conocidos


--Si yo no fuera yo--me dijo un conocido de siempre el otro día, anota don Baruj en su libreta--otro gallo me cantaría.

--De gallos no sé mucho--le repliqué--. Pero si tú no fueses tú no serías nadie. No existirías. Y yo, por cierto, no tendría que estar oyéndote decir tal barbaridad.

A partir de ese momento hubo que cambiar de tema y habló --cómo no-- de cómo este café ya no es lo que era en nuestros días.

--Es que entonces éramos otros--no pude no decirle.

Y ya no hubo de qué conversar. 

Nos concentramos, cada cual en su propio silencio.

10/5/21

Oído en el café: De gustos y regustos


--Es éste--se justifica con la taza casi en los labios--un gusto que me doy de vez en cuando. 

Y después de un sorbo añade:

--Un gusto simple y sentimental, más bien nostálgico.

En la mesa la tetera y el canastillo de croissants, la mantequilla, la mermelada.

--¿Y qué gusto no es sentimental, nostálgico?--pregunta la otra.

Es retórica, obviamente, su pregunta: son los gustos regusto de un primer placer sorprendente.