27/8/16

Privilegio de la queja.

Privilegio irrelevante, inane e inocuo, el de los viejos—y defecto insoportable, dice don Baruj—éste de quejarnse de los tiempos y repetir hasta el cansancio, y demostrarlo con infinidad de ejemplos torpes, que todo "tiempo pasado fue mejor” y que el presente, el de los jóvenes—que evidentemente ya no es el nuestro, aunque nos duela y no sepamos admitirlo—es una irresponsable calamidad. 

Calamidad que, por cierto, lleva a ojos vista y a pasos agigantados la debacle, al fin del mundo, al apocalipsis, para ponerlo en términos manidos del agrado de quienes los lanzan como si pudieran tener algún efecto.

Razón tienen los viejos que así se quejan en tiempos de postrimerías.

Pero la tienen sólo en lo que respecta a su cada día más egoísta situación personal. Porque son los viejos, cada cual de los que viven la tan feamente llamada tercera edad, los que van—triste es decirlo—“derechos a se acabar e consumir” en el despeñadero de lo olvidado. 
No por nada sienten que el presente falla y que, en comparación con el pasado, es una lástima de realidad. 
Ante el deterioro de la edad--que sigue en nosotros su curso diario con la ciega crueldad de un proceso natural, los que envejen no pueden sino volver los ojos, la memoria, el sentimiento, la ilusión—la conciencia viva, lo que son—al pasado, a cuando no se daban cuenta de que estaban vivos y que, montados en el potro encabritado de los días, y no siempre en control del mismo, iban por el mundo quejándoses de quienes, con idéntico brío ilusionado, los habían precedido.

4/8/16

Exhibicionismo

Hace algunos años, que parecen perderse en un pasado inexistente, no teníamos los exhibicionistas literarios las oportunidades que tenemos ahora de publicar, es decir de hacer pública exhibición de lo que escribimos a diario por no sé que incontrolable necesidad de dejar dichos trazos de la voz, documentos de nuestra pasajera presencia, en la más duradera consistencia del texto escrito.


Hoy podemos publicar sin ninguna cortapisa, como el que se planta en medio de la plaza pública a recitar sus versos atrabiliarios o contar sus cuentos egocéntricos, o como el más rebelde y tímido que se expresa en cortos y a veces incisivos grafitti, esa forma visual del grito.

Nadie nos calla.

Habría que comprobar si alguien nos oye.

27/7/16

Don Baruj sorbe su té

--La poesía no es más que un malabarismo de palabras: palabrería. Lo mismo la filosofía--dijo alguien el otro día en la tertulia.


Ya se pueden imaginar cuál fue la reacción de los filósofos y poetas que la forman.


Esta vez Don Baruj no abrió la boca sino apenas para sonreír y sorber de a poco su habitual té vespertino.

20/7/16

Faramallas del autobombo

No hay quien no se ponga contento y hasta dichoso al recibir elogios y reconocimiento. Desde el más humilde don Nadie hasta el más famoso espera espaldarazos y comentarios positivos: se los necesita, se los desea.

Tanto es así que para muchos la falta de atención y la ausencia de buenos comentarios sobre sus personas, actos y hechos se convierte en una tortura inaguantable y los lleva o a la depresión de la más baja autoestima o a las alharacas y faramallas del autobombo.


Sea yo uno de estos últimos y permítaseme recomendar mis obras como lecturas incomparablemente excelentes en inspiración, estilo, ingenio y cuanto se pueda considerar virtudes literarias.

Tres son los libros que me han publicado en los últimos años: la novela Under the Walnut Tree (Media Isla), y los poemarios Insectarium (ALJA) y La lira de la ira and Some Irate Lyrics (Bilingual Press).

Por cierto que quedo a la espera de los buenos comentarios que resulten de su lectura.

13/7/16

Otro poema para mi "Insectarium"



Multitud

A tanta hormiga
Como hay
No les queda más
Que ser guerreras

A tanta cucaracha
Como hay
No les queda más
Que pulular
Y enmugrecerlo todo.

29/6/16

Un blog para escritores

 Ser Escritor es buen título para un blog que se ocupa de aspectos esenciales del oficio de escribir. La entrada más reciente puede vérsela siguiendo este enlace:

http://serescritor.com/estilo-rico-estilo-pobre/?utm_campaign=articulo-321&utm_medium=email&utm_source=acumbamail

24/6/16

La máquina del tiempo

Ha alcanzado el eje su máxima inclinación y, como el péndulo--que va y viene--se detiene apenas un instante--¿se detuvo acaso-?--en el punto extremo e, inmediatamente, inicia el movimiento en la inclinación contraria: se devuelve.  






Define el vaivén del tiempo: el perpetuo proceso: la máquina incesable.