20/11/16

El cristal con que se mira: Melón

Tiene el melón la belleza de toda fruta: imagen de lo natural, forma de lo exacto.

Tiene el melón nombre antiguo que se remonta a un ancestral deleite por su dulzura: miel como la miel del panal que rebosa.

El tajo del sacrificio y la ofrenda abre el color y el aroma, la gota del agua vital concentrada en ambarina azúcar.

5/11/16

Don Baruj dice algo sobre la belleza

Entró al caer la tarde una pareja de adolescentes que nadie en el café pudo ignorar.

Por un instante todas las miradas fueron para ellos.


--La belleza--comentó después Don Baruj--se hace presente a veces de modo inesperado, como toda epifanía y en la fugacidad del instante deslumbra: renueva en el que mira la ansiedad de lo inasible.

No estuvo mucho rato la pareja entre nosotros. Fue más largo el momento de su ausencia.


--Es una rara ocurrencia--me pareció que dijo cuando, un poco después de que se fueron, fui a servirle a Don Baruj su tercera taza de té y dejó de escribir para darme las gracias.

30/10/16

El cristal con que se mira: el árbol.


En el recuerdo el árbol de los juego infantiles es un castillo inexpugnable. Persistía en la bruma matinal del parque junto al mar la última vez que lo vi.  

22/10/16

Malabarismos

Alguien  se quejaba el otro día de que con tanto trabajo que tenía no le quedaba tiempo para nada más que trabajar. Y otro se vanagloriaba de no hacer más que estar ocupado trabajando.

Nadie en la tertulia se atrevió a defender al que habó de las delicias sabias del ocio, del delite de esa charla entre amigos en el café.

Don Baruj callaba, como de costumbre en estos casos. Y no habría dicho una palabra si no le hubieran preguntado qué opinaba él--persona siempre ocupada en el ocioso escribir, como al correr de la pluma, en su carnet--sobre el asunto.

--En toda mi vida nunca he trabajado y he trabajado siempre--contestó.

Algunos nos reímos, más que nada de nosotros mismos y nuestra ingenuidad. Otros se quedaron mudos, intrigados.

Pero, por cierto, no faltó quien ni se rio ni se quedó callado y preguntó, con una voz que nos sonó destemplada, que qué quería decir don Baruj con lo que había respondido.

--No es más que un juego de palabras--le dijo don Baruj y pasó a hablar de la exigente exactitud de todo malabarismo.

18/10/16

Un nuevo e innovador Premio Nóbel de Literatura

Sin duda un buen comentario que explica y justifica un premio que algunos se preguntarán si será acertado es el publicado hace unos días por el maestro Alejandro Rosales Lugo en su columna diaria "Crónica Urbana". Lo titula muy apropiadamente "Bob Dylan, los años perdidos de la esperanza". 

Del mismo se puede entresacar algunos segmentos notables: como el que dice, por ejemplo, que si un poeta ha cantado, ha sido Bob Dylan y que por eso, porque fue un hombre que nos conmovió en los años sesentas en la entereza de un espíritu humano, consecuente con la  lucha por la libertad” “ha recibido justamente el Premio Nobel de Literatura”. 

Porque Dylan le puso a la poesía la música que guarda en los interiores del alma” merece el premio. La suya, nos dice Rosales Lugo fue “música de cambio no de mutación, música transformadora no de enroque social. Música poema o poema en música que interpretó a lo largo de esta vida de casi 75 años, en que nuestra generación se funde en el mar de poesía de Allen Ginsberg, el rock y los Beatles, entre los cañones de los Rollins Stones. Las mentes mas extraordinarias de una generación de palabras de esperanza en tiempos cruciales para el mundo”.

“El Premio Nobel de Literatura corresponde a un poeta que representa a todos los seres humanos en un crisol de sueños y realidades que nos conducen nuevamente a días de terror, a plegarias de guerra, visores de tragedia y horror en las calles”, escribe el poeta pintor, contemporáneo del cantante poeta. 

“Justo a tiempo, justo y necesario, que el poeta de 75 años reciba este lauro que abre la conciencia en un mundo que parece que ha olvidado el miedo por el miedo mismo," son la palabras acertadas de un artista que también ha vivido esos años que Dylan representa, ícono de una edad en que la literatura vuelve a ser cantada.