21/9/20

Para "Insectarium": Grillos de Oscar Castro

Oscar Castro (1910-1947), poeta chileno de raigambre telúrica y popular tiene no pocas referencias en su obra a la naturaleza en la vida campesina y en la mina de su región natal. 

Combina mina y naturaleza en la imagen del grillo que canta en la madrugada en su poema “Responso a García Lorca”:

                    “. . . en ese instante en que el grillo
                      cava la mina del alba. . .”

En “Burrito del ensueño” el grillo es imagen también sonora, esta vez relacionada con la vida campesina y la figura icónica del huaso y sus espuelas de plata:

             “. . . y la espuela del grillo finamente sonaba”








19/9/20

El ejemplo de la hormiga

Bien sabidos son los versículos de Proverbios 6-9 y su referencia a la hormiga como representación del trabajo y el esfuerzo, en oposición a la pereza:

"6Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio. 7  Ella no tiene jefe, ni capataz, ni amo; 8 asegura en el verano su sustento, recoge su comida al tiempo de la mies. 9 ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?" 



Y bien sabido es también que la misma representación se encuentra en la fábula de Esopo (620–564 BC):

“Era un caluroso verano. Una cigarra, protegida del sol por la sombra de un árbol y disfrutando el momento sin ninguna intensión de ponerse a trabajar, cantaba y cantaba continuamente. Mientras vió como su vecina, una trabajadora hormiga, se encontraba trabajando arduamente para ir llevando comida a su hogar.
La cigarra le propuso cantar y descansar, a lo que la hormiga la indicó que debería dejar de estar ociosa y ponerse a recoger alimentos. La cigarra ignoró su consejo.
Meses después llegó un invierno frío, que sorprendió a la cigarra sin nada que comer ni un sitio al que ir. Desesperada acudió a su vecina la hormiga pidiéndole ayuda. Sin embargo, la hormiga contestó preguntando qué había hecho durante el verano. La cigarra le dijo que cantar, a lo que la hormiga le respondió que bailara ahora ya que cuando pudo no hizo nada para evitar esa situación, y cerró la puerta dejando fuera a la cigarra".














Jean de La Fontaine (1621–1695) escribe su propia versión:


La Cigale et la Fourmi

   La Cigale, ayant chanté
   Tout l'été,
   Se trouva fort dépourvue
   Quand la bise fut venue.
   Pas un seul petit morceau
   De mouche ou de vermisseau.
   Elle alla crier famine
   Chez la Fourmi sa voisine,
   La priant de lui prêter
   Quelque grain pour subsister
   Jusqu'à la saison nouvelle.
   Je vous paierai, lui dit-elle,
   Avant l'août, foi d'animal,
   Intérêt et principal.
   La Fourmi n'est pas prêteuse ;
   C'est là son moindre défaut.
   Que faisiez-vous au temps chaud ?
   Dit-elle à cette emprunteuse.
   Nuit et jour à tout venant
   Je chantais, ne vous déplaise.
   Vous chantiez ? j'en suis fort aise :
   Et bien! dansez maintenant.






Félix María de Samaniego (1745–1801) la repite;
Cantando la Cigarra
Pasó el verano entero, 
Sin hacer provisiones 
Allá para el invierno; 
Los fríos la obligaron 
A guardar el silencio 
Y a acogerse al abrigo 
De su estrecho aposento. 
Viose desproveída
Del preciso sustento: 
Sin mosca, sin gusano, 
Sin trigo, sin centeno. 
Habitaba la Hormiga 
Allí tabique en medio, 
Y con mil expresiones 
De atención y respeto
La dijo: «Doña Hormiga, 
Pues que en vuestro granero 
Sobran las provisiones 
Para vuestro alimento, 
Prestad alguna cosa
Con que viva este invierno 
Esta triste Cigarra,
Que alegre en otro tiempo, 
Nunca conoció el daño, 
Nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme; 
Que fielmente prometo 
Pagaros con ganancias, 
Por el nombre que tengo.» 
La codiciosa Hormiga 
Respondió con denuedo, 
Ocultando a la espalda 
Las llaves del granero: 
«¡Yo prestar lo que gano 
Con un trabajo inmenso! 
Dime, pues, holgazana, 
¿Qué has hecho en el buen tiempo?» 
«Yo, dijo la Cigarra,
A todo pasajero 
Cantaba alegremente, 
Sin cesar ni un momento.» 
«¡Hola! ¿con que cantabas 
Cuando yo andaba al remo? 
Pues ahora, que yo como, 
Baila, pese a tu cuerpo.»

15/9/20

Para "Insectarium": arte del esmalte

Posado sobre el tazón el delicado insecto resalta, con su esmalte de verdín de cobre o joya de piedra jade, el celeste esmaltado del armónico objeto de arte.

Algo dice don Baruj a propósito de "El Moisés" de Miguel Ángel

Tiene Don Baruj un conocido al que le gusta hablar más de la cuenta y al que escucha pacientemente por eso de que no vale la pena conversar con quien no tiene oídos sino sólo boca.

--Hablar—dice don Baruj—es un privilegio: el don que nos hace humanos. 

Y menciona entonces la anécdota que se cuenta de Miguel Ángel, quien, al dar por terminada su escultura de Moisés--la que se exhibe en San Pietro in Catene, en Roma--le dio un golpe de martillo en la rodilla derecha--está visible el leve daño que le hizo al mármol--y le ordenó, como un Pigmalión renacentista, que hablara.  

--Era lo único que a ese Moisés de mármol le faltaba para estar vivo--comenta don Baruj--: el milagro del habla.



11/9/20

Don Baruj y la casualidad


De la casualidad no se puede hablar, sino sólo manifestar sorpresa, opina don Baruj.

Insiste en que, contra todo plan que se tenga--inmediato o a futuro.--, contra toda disciplina personal, contra toda razón y voluntad, se opone la impredecible e insistente casualidad.

Se impone.

--¿No es acaso una casualidad--nos pregunta con su acostumbrado interrogar retórico--el que estemos conversando aquí y ahora y no andemos cada cual ocupado en lo propio en otro lugar cualquiera?

Ha venido al café a una hora no acostumbrada a causa de un asunto inesperado--del que no dio detalles--que le obligó a cambiar su precisa rutina.

Y este cambio de horario que la casualidad produjo, significó que al llegar al café a deshora se encontrara en la puerta con quien en ese instante, por casualidad, también entraba y, no sabiendo del horario habitual de don Baruj, se alegra, sorprendido de verlo por fin, después de tanto tiempo sin haber podido dar con él por ninguna parte.

Emocionado abraza a don Baruj con espaviento.

--Es éste un abrazo de casualidad--murmura don Baruj, sin abrazar del todo --reacio a las efusiones--al espaventoso antiguo concido que lo ha encontrado . . . por casualidad.



22/8/20

Divaga don Baruj sobre morderse la cola

Me veo--escribe don Baruj en su libreta--como el perro proverbial que gira y gira sobre sí mismo tratando de morderse la propia cola. 
Y me da risa, una risa medio burlona y algo triste, compararme así con el animal ingenuo. Algo tiene de conmovedor esa imagen del perro y su cola esquiva. Conmovedora sobre todo para quienes hemos hecho del perro--del cachorro en especial--un ser casi humano, un niño que, para muchos, llega a ser angélico. 
Otras imágenes de un similar morderse la cola tienen significados simbólicos y esotéricos que la del perro no alcanza. El uróboro--serpiente al fin y al cabo--consigue lo que el perro rara vez puede: morderse la cola, cerrando el círculo; y es más, se debora a sí misma en un acto aparentemente atroz que representa simbóĺicamente la admirable continuidad de la vida en perpetua renovación.
Lo mismo dice la rueda de giro incesante que la cruz gamada--de repulsiva no tan lejana memoria --representa.

Es la visión del círculo perfecto: serpiente y rueda.
Nuestro perro--ente pedestre como su dueño--no alcanza tal nivel de esoterismo, ni pretende alcanzarlo; y menos aún podría formar --como sucede con algunas representaciones del uróboro-- el ocho acostado que nombra lo infinito. 

Como a tantos, no me gustan las serpientes. Algo tienen de terrible--intrigante y sobrenatural--simbolismo. A algo sobrecogedor aluden. Preferibles son, por puramente imaginarios, los dragones: espectaculares seres celestes que la morbosa imaginación cristiana transformó en demonios de horrible belleza.
Entre la figura retorcida del ofidio que se consume a sí mismo y configura el anillo infinito y la del perro que juguetonamente trata de morderse la cola y nada consigue, me inclino por la segunda que me parece representa cabalmente el para nada religioso ensimismarse de la mente nunca satisfecha de sí misma.

20/8/20

No hacer nada

Como no tengo ganas de hacer nada no hago nada...

y no por eso me acuso--como lo harían muchos--de inútil.


La utilidad es asunto relativo y depende--como decía alguno en incoherente broma--de la "dependedura". Además, mucho de lo que dice útil no es más que una pérdida de tiempo.


Por otra parte, si se lo piensa bien, no hay tal cosa como “no hacer nada”, porque hasta en los momentos de mayor dejadez e inactividad la mente--si está atenta--sigue armando sus encatrados inverosímiles y tejiendo sus intrincadas redes.


De hecho está la mente más activa cuando no la distraen las actividades del estar ocupada en algo de lo que dicen es de provecho.