23/6/19

L'abestrús

--Le oi desir-- escribe un disípulo de don Pío Pí, el gramático-- a una dama mui comedida de simpático aspecto d'abestrús --largo i fino cueyo, narís en punta, enormes ojos a punto de saltársele del rostro-- qe abía desidido abandonar su cuenta de Facebook porqe tanta tremenda informasión le estaba produsiendo un complicado trastorno emosional. Temía sufrir d'un profundo desconsuelo.

--Ya sé-- dijo, criticándose a sí misma-- qe no ago más qe imitar la absurda e irresponsable conducta de l'abestrús qe, con meter la cabesa en l'arena cree liberarse de la trajedia de la realidad. Sierto es q'en su escondrijo sueña estar dixosamente en la Edad de Oro. Pero s'olvida de qe a dejado espuesro a las peores inclemensias de la realidad su vanidosament'emplumado trasero.


22/6/19

Ejercicio total.

 El campanario --reminiscencia de la antigua universidad monacal-- acaba de dar las doce: mediodía.


Deja la pluma y la página, mitad en blanco: instrumento y material de una labor que se cumple cotidianamente casi sin pensarlo, por un hábito enraizado en lo más íntimo, en el esencial deseo.


Desde temprano en la mañana ha ido cumpliendo línea línea, con interrupciones --cada tanto-- del teléfono y sus contactos con el mundo infinito de la red.

Se detiene al llamado del carillón para tomar un descanso; porque, aunque no lo parezca, quién se sienta al escritorio y escribe durante un par de horas sin otro movimiento que el de la mano se cansa y necesita un momento de reposo.


Se lo pide el cuerpo.


Pide desperezarse, no porque estuvo perezoso sino porque en la concentración del trabajo de escribir todos los músculos estaban atentos al esfuerzo.

No sólo la mano escribe, sino todo el cuerpo: magnífico instrumento que produce intrincadamente la palabra.


Y porque escribir es un acto vitalmente corporal no da lo mismo hacerlo en cualquier parte y de cualquier manera. El espacio en que se escribe, el rincón propio, la celda del escriba importa; tanto como importa el instrumento, sea pluma o computador.

El silencio de la biblioteca, la mesa firme frente a la ventana de la luz, el roce de la plumafuente en el papel sedoso, la inclinación del torso sobre lo que se va escribiendo son todos componentes esenciales del verso y la frase exacta, de la oración y el párrafo bordados del fino filigrana de tinta negra, garabato significante.


Como escribir, toda actividad creadora es un acto ritual, un gesto de homenaje, no a los dioses patéticos de las sectas temerosas, sino a la obstinada humanidad creadora de sí misma, primer y único motor de la realidad consciente.

No en balde se merece el descanso.

Échense a volar las campanas de la dicha humana.

21/6/19

Para "Insectarium": Alexis Rockman

En sus imágenes apocalípticas el pintor norteamericano Alexis Rockman incuye aterrantes imágenes de insectos que, como en la tradición barroca de la naturleza muerta, aluden a la muerte y la destrucción.


Basten dos de sus pinturas para dar una idea del carácter y función de lo sinsectos en su obra. 


18/6/19

Para "Insectarium": De moscas, poetas y arañas


El poeta-araña, tejedor que no anda a la caza de las moscas.
Para otros usos serán sus redes.
Es lo que el poeta mejicano Javier Tinajero sugiere en este texto bevísimo y exacto:


"El poeta, contradicción permanente, teje el poema con las arañas pero a la vez quisiera las cosas fuera de la tela, las cosas moscas en su libre vuelo..."



16/6/19

Don Baruj y el sueño

No es decisión propia estar en esto o en lo otro --ha escrito don Baruj en su vademécum-- : se está donde se puede estar, donde se ha llegado un poco a tumbos en el esfuerzo de alcanzar una imprecisa meta.


No se está necesariamente donde se quería estar o se hubiera preferido estarlo. Se está donde se va llegando.

Se habla de sueños que cumplir, como se habla de lo impreciso de un ideal. Y se dice bien, porque las metas posibles son sueños, antítesis de la realidad.


Quien sueña no vive.


“Soñar no cuesta nada”, precisa el refrán. Vivir, estar despierto en el mundo es lo que cuesta... y tanto, que son millones de millones los que optan --incapaces de vivir-- por el sueño y el delirio.


Sobrevivir agota.


Somos infinidad los agotados.


“Soñar despierto” y “estar en la luna” son expresiones sinónimas que apuntan a una misma condición de abandono.


La acción y el sueño, la realidad y la fantasía: un mundo y otro.

El uno real y concreto, ineludiblemente dificultoso; el otro, puramente ideal, inhabitable, irrealmente perfecto.

15/6/19

Cinco poemas de Marisol Vera Guerra

Ana en el hipódromo

Esta noche espío a mi cuerpo
y me deleito en la negrura como las yeguas
cuando persiguen su propia sombra en la arena
a veces me hace bien
(sabes)
inyectarme un poco de veneno
igual que una vacuna
así
en el labio superior
en la vena cava o en los poros de la nariz
luego tomo la estopa
me sacudo
limpio los rastros de sangre y sigo
un pie y otro pie
hasta la línea que corta el horizonte:
es un buen escudo
contra los trenes
una manera más sutil de adulterio
en la que soy yo misma el jinete
y el caballo que cae a media pista
con el cuello destrozado
y se levanta
para avanzar un tramo
rodar de nuevo
avanzar
hacia ningún lado
no importa
¿entiendes?
fui hecha para incendiar muros
para sacar chispas a los rieles
(aún en esta hora
en la que todos somos tolvanera)
con mis manos que pulen el fuego
Alejandro Rosales Lugo

Nadie se acuerda de Héloïse Dubuc
Nunca quise ser esa mujer de pies fríos
agrietada entre las sábanas
que tiembla
aguardando la caricia del bisturí
aquella buena esposa
que no protagoniza ningún libro
–muerta o abandonada
en los primeros capítulos–
flaca
huraña
sin chiste
de formas simétricas
monocromáticas
abúlicas
que no lee novelas de caballería o de amor
ni siquiera revistas de Medicina
y no posee una buena renta
y
por supuesto
que no necesita comer arsénico
al llegar a casa

...
Mi madre me cortó la lengua al nacer
me quiso cortar también los pies
pero desde que estaba en su vientre
yo sabía volar. Ella me cuenta / ahora /
que la felicidad es una forma de arrancarse las raíces


Hoy no fui buena
ni encantadora
ni amable
hoy fui una sombra
ceñida en la mandíbula
una mujer un poco hambrienta de sí misma
que abrió el grifo y la cremallera
(afilado el cuchillo mondador sobre la piedra)
sin motivo
solo por ver qué se siente
no diré nada en mi defensa
estoy habituada a estos arrebatos:
gruñidos que suben y bajan escaleras
tambaleándose
(el síncope de un hombre en la mesa)
pero esta vez no
no fui linda
ni templada
Dejé que el espejo derramara mercurio
en mi boca: una palabra irascible
de esas que uno enmarca en el muro
como título de propiedad
con cierto cinismo
escarbando una brecha entre los dientes
Y no me quejo
pude haber salido de casa
iluminarme
bajo la copa perenne de los árboles
besar con gratitud el aire
en cambio
me eché sobre el suelo
perezosa y malcriada
para jugar con los hilos de mi falda
esbozando la magnética sonrisa
de un gato que desaparece


Lucha o huida

Él vuelve a mí
conduciendo un auto / no distingo
las placas ni el movimiento de la aguja 
el músculo tenso al volante 
el pedal hasta el fondo
antes ha llenado el tanque de gasolina
y la cajuela con latas de conserva
como haría un buen marido
o un comerciante
un tahúr en todo caso
que gana siempre las apuestas /
y recorremos largas avenidas
sin cerrar la ventana / el aire 
golpea mis quemaduras
mientras veo pasar los coches
sobre líneas de asfalto 
no cedo al impulso de mirar atrás
sé que el alba nos persigue
porque Él se quita el rostro
con las ondas theta definidas
desde un lóbulo hasta el otro
reciclando palabras que se hunden en mi cráneo
y no encuentro el switch 
para encender la glándula maestra / la manija 
liberadora del hastío
esa sonrisa a medias
ese vientre satisfecho
ese tacto pasivo en mi entrepierna
me hacen escupir una burbuja de oxígeno 
que se dilata entre los muros del sueño
no hay nadie debajo de la cama: 
un suelo escueto acaso los rumores
de una marioneta 
En la cocina 
el fuego duerme lejos de mi mano