9/8/19

Un viejo eterno

Algunos dicen que don Baruj no fue nunca joven. Que ha tenido siempre la edad que tiene, que ha de ser--por lo que parece--la edad innumerable de la inmortalidad.


Como patriarca bíblico o personaje del mito, don Baruj pervive, multiplica sus días sin sumarlos a una edad de lo perecedero.

Es lo que dicen.

Cuentan que ya frecuentaba este café años atrás, cuando lo tendrían de contertulio nuestros abuelos. 

Esos abuelos que más de alguna vez comentaron en alguna sobremesa de lo curioso que era. De lo intrigante de su presencia, de sus palabras y de sus silencios de ensimismado.

28/7/19

Decires del crepúsculo


Masculla el viejo para sí mismo lo que bien sabe a nadie le interesa oír. Lo hace casi sin darse cuenta, habituado como está desde hace algunos años a hablar a solas. Las paredes--dicen-- tienen oídos y escucharán lo que dice; pero no responden, impertérritas, reacias a la plática. Hubo un tiempo, sin embargo, cuando escuchaban y hablaban, reinas del chisme. Eso era cuando había otros a quienes escuchar, otros a quienes revelarles los secretos y las malas intenciones.
Ahora está solo. Lo rodean sus cuatro paredes de libros, mudos, entre los que corretean curiosos los ratones, compañeros del deterioro. De quienes lo acompañaban no va quedando nadie: el tiempo se ha encargado de cambiar las circunstancias y el elenco de quienes las viven. En la quietud--soledad--de su sala recuerda cuando era todavía centro de encuentros y conversaciones, lugar de las ilusiones.

Ya no tiene con quién hablar; ni sus viejos perros de ayer están con él. A su edad, piensa, no es justo tener un animal que lo acompañe porque se dará la situación cuando, faltando él, sufra el animal su ausencia.

BIen está que no haya nadie.

Masculla para sí mismo el viejo, sobreviviente del pasado, maravillas que a nadie, bien lo sabe, le interesa oir.

24/7/19

Un poema de Antonio Gragera









Triste que el silencio sea
el único espacio 
donde coexistir.
Triste la palabra 
que no podrá ser
no dicha,
no oída,
no sentida.
Triste el vacío en ti,
el despertar en mí,
la ilusión de todo
lo que nunca fue.
Triste la banalidad del deseo,
la eternidad del arrepentimiento,
la pérdida que no es.
Triste la esperanza de olvidar
lo que una vez fue 
soñado,
no vivido,
pero amado.

22/7/19

Borrador de un texto que quisiera ser perfecto


Dispersión: manifestación del caos. 

La mano que no aferra, indecisa, inconstante en su cariño; el ojo que se distrae en el mirar curioso, insaciable; la memoria que se olvida del ensueño de ayer por evocar otros ya olvidados; la imaginación--no siempre fantasía--que arremolina un sinfin de vaguedades.

Pulsa el reloj de la espera, se aja el calendario de tanto revisar lo pasajero. Nunca el futuro arriba. Ayer persiste en su abandono y se remuerde del hastío y su indolencia. En su desorden el momento se confunde y forma un nudo: la madeja inextricable.

Dispersión, desorden: labor del caos. Su manera.

La mano inhábil, difusa la mirada. Memoria y fantasía entrelazadas.

Bate sus alas el demonio de la nada.

Del caos--el vacío--al caos: a tropezones van las horas. Rítmico el reloj se precipita.

Dicen, sin embargo, que en el giro de sus órbitas susurran las esferas el himno de lo perfectamente equilibrado.




21/7/19

Memorias de la infancia

"The memories of childhood have no order, and no end," escribe Dylan Thomas en "Quite Early One Morning." 

Y razón tiene, porque la infancia revive en la memoria constantemente en un desordenado e interminable sucederse de imágenes que van desde el detalle más concreto y sensual--visión y olfato, tacto, sabor y oído combinados--hasta las más incongruentemente hermosas fantasías. 

No faltan, por cierto, las memorias de lo torpemente deplorable: memorias de los mayores y sus mezquindades.

Vayan estos recuerdos de ejemplo detestable:

Se nos hablaba y hablaba, entre el incienso y el idiotizante monótono de las letanías, del Enemigo falaz y las tentaciones a pecar no entendíamos bien cómo; y del Angel de la Guarda--"dulce compañía"--, se nos hablaba en acuosas falsedades: guardaespaldas matón, hermafrodita de faldín satinado y espada en llamas, que nos seguía a todas partes y hasta se nos metía en la cama. 

Lo de las alas, por lo menos, era envidiable.


Por las calles, nos advertían, deambulan los perros negros de sarna demoníaca y los discípulos--y por cierto discípulas--del malvado, de jopo engominado o amplio escote. 

Nada se decía de las negrísimas sotanas resobadas.

El miedo nos duraba lo que el mal olor de la capilla al salir al aire libre y la fantasía luminosa de los juegos. Ni el Malo ni los ángeles sabían patinar o jugar a la pelota. Los perros amigos, de pelaje multicolor, nos acompañaban.

19/7/19

Poeta del estornudo

Thomas Merton, quien admiró la obra y la 
persona de Nicanor Parra, a quien conoció personalmente en una visitia que éste le hiciera a la abadía de Gethsemani, tradujo algunos poemas del antipoeta chileno. Lo llama, curiosamente, poeta del estornudo y dice de su voz que es seca y desconcertante: ". . . the dry, disconcerting voice of Nicanor Parra, the poet of the sneeze" escribe en uno de sus ensayos literarios. 

17/7/19

Para "Insectarium": Asunto de piojos




El desagradable--incluso despreciable--y pusilánime protagonista de Crimen y castigo le declara a Sonia, en lo que pretende ser la justificación de su crimen, que lo que hecho ha sido matar a un ser inútil, deleznable y dañino: un ser humano, un piojo.

Como lo es él mismo, lo admite.


Deplorable --y probablemente acertada-- visión de la humanidad ésta que compara al ser humano con la peste más asquerosa y persistente: el piojo.



Excelente uso de un insecto en literatura: toda la novela rezuma, como una ropa sucia, el asco del insecto despreciable y repugnante. Se la lee con desagrado, sintiendo en la piel la presencia subrepticia de la infecta alimaña: el ser humano.