24/9/21

Don Baruj y sus trucos de perro viejo

--Perro viejo no aprende trucos nuevos--responde don Baruj a la sugerencia que alguien le hace de que se compre un computador portátil que le serviría tan bien para su escritura.

Que don Baruj sea perro viejo no lo disputa nadie.

"Es más--escribe más tarde y para sí mismo en su libreta--, el perro viejo, que algo de sabio tiene y no poco de sentimental, se apega a los trucos que aprendió de joven, a esa edad remota que le parece no haber sucedido nunca y existe sólo en sus ensueños y fantasías".

Lo escribe, como lo ha hecho siempre: a mano, acodado en la mesa, dejando que la magia de pluma y tinta--rumor y aroma--le diga al papel sus más íntimas palabras.

18/9/21

Las "cosas de viejos" de don Baruj

Últimamente don Baruj se ha vuelto muy distraído: no es raro que se deje esto y lo otro olvidado en la mesa del café cuando se levanta para irse a dar su cotidiano paseo vespertino por la costanera.

Varias veces en estas últimas semanas ha dejado olvidado un libro, una de sus plumas fuentes, un pañuelo--con sus iniciales bordadas hace mucho por alguna mano querendona--, la cuenta sin pagar, los anteojos . . . e incluso su libreta de bolsillo: ese vademécum que, por serlo, lo lleva siempre consigo.



--Es cosa de viejo decrépito eso de andar dejando sus pertenencias tiradas por todos lados--dijo en sorna alguien que no le tiene ningún respeto porque es viejo y porque le habrá dicho alguna verdad que no le gustó para nada.

Este descuido reciente de olvidar su libreta de tanta nota bien pensada debió causarle a don Baruj una preocupación exagerada y, al parecer, dañina. Se lo vio entrar al café al día siguiente del extravío más temprano que de costumbre en un estado de alteración apenas controlada. Alguno llegó a observar que parecía haber envejecido.

--Cosas de viejos estos olvidos--se disculpó con un suspiro don Baruj, ya recuperado del mal rato del extravío y solo después de un sorbo reconfortante de su té recién servido.

"Cosas de viejos esto de irse olvidando poco a poco de todo lo que uno cree que importa y no importa tanto" habrá escrito minutos después en su cuaderno recuperado. Lo vimos inclinarse sobre el mismo y escribir largamente, ajeno a todo, como lo ha hecho siempre desde hace tantos años.

Más tarde, al entablarse con él una conversación sobre sus descuidos observó que no habría que preocuparse demasiado de los olvidos seniles mientras lo que se pierda no sea la cabeza.

--Y ésa--añadió con malicia--la pierden muchos mucho antes de llegar a viejos.

9/6/21

Don Baruj conversa con uno de sus conocidos


--Si yo no fuera yo--me dijo un conocido de siempre el otro día, anota don Baruj en su libreta--otro gallo me cantaría.

--De gallos no sé mucho--le repliqué--. Pero si tú no fueses tú no serías nadie. No existirías. Y yo, por cierto, no tendría que estar oyéndote decir tal barbaridad.

A partir de ese momento hubo que cambiar de tema y habló --cómo no-- de cómo este café ya no es lo que era en nuestros días.

--Es que entonces éramos otros--no pude no decirle.

Y ya no hubo de qué conversar. 

Nos concentramos, cada cual en su propio silencio.

10/5/21

Oído en el café: De gustos y regustos


--Es éste--se justifica con la taza casi en los labios--un gusto que me doy de vez en cuando. 

Y después de un sorbo añade:

--Un gusto simple y sentimental, más bien nostálgico.

En la mesa la tetera y el canastillo de croissants, la mantequilla, la mermelada.

--¿Y qué gusto no es sentimental, nostálgico?--pregunta la otra.

Es retórica, obviamente, su pregunta: son los gustos regusto de un primer placer sorprendente.

6/5/21

Oído en el cafe: invitación al silencio.

 


--No digas nada--dijo--porque yo tampoco diré nada. Quedémonos callados o hablemos de otra cosa. Eso de que conversando uno se entiende no es verdad en la mayoría de los casos. Las palabras son equívocas: se dicen y se entienden de diversa manera. Por lo demás, no hay necesidad de entenderse y lo más probable es que no haya siquiera posibilidades de conseguirlo. Por eso, no me digas nada: guarda silencio, que yo haré lo mismo.

Y no dijo una palabra más en un buen rato. 

En otras mesas se conversaba efusivamente.

2/3/21

Las canas de don Baruj


Se le ocurren a uno infinidad de tonterías—anota don Baruj en su libreta--, una tras otra. Algunas, por capricho, uno las anota. Otras, pr si acaso.

Entre ésas está, a menudo, la ocurrencia de que eso de morirse no va conmigo; que es algo que le pasa a otros, incluso--desafortunadamente  a algunos amigos y conocidos.

Me lo digo—se lo digo más bien a mi otro en el espejo—cuando me peino por la mañana lo que tengo que admitir es una rala melena de pelo blanco; canas que he pensado teñir, aún sabiendo que bajo el betún del engaño seguirán siendo canas.

Cosas que se le ocurren a uno a cada rato.

21/9/20

Para "Insectarium": Grillos de Oscar Castro

Oscar Castro (1910-1947), poeta chileno de raigambre telúrica y popular tiene no pocas referencias en su obra a la naturaleza en la vida campesina y en la mina de su región natal. 

Combina mina y naturaleza en la imagen del grillo que canta en la madrugada en su poema “Responso a García Lorca”:

                    “. . . en ese instante en que el grillo
                      cava la mina del alba. . .”

En “Burrito del ensueño” el grillo es imagen también sonora, esta vez relacionada con la vida campesina y la figura icónica del huaso y sus espuelas de plata:

             “. . . y la espuela del grillo finamente sonaba”