Sin aparente motivación y de pronto, como sorpresa inesperada, la visión de un instante y las sensaciones que lo determinan dominan la conciencia presente, la remueven. Se apresura el pulso, se vuelve un puño el plexo, el lagrimal se irrita. La evocación es fugaz e intensa.
Sucede, tal vez, cuando el presente vacila ante la amenaza del vacío: la nadería del yo que se funda en la memoria.
Así, cuando en la desesperanza pensó--en términos simbólico-emotivos--que ya no podía seguir, que estaba, como nave sin timón que ola y resaca varan en la arena, la visión del recuerdo le vino intensa a la mente, recuperadora:
Estaba de nuevo en esa playa larga de negra arena, donde desemboca el río y batallan las aguas encontradas. En la caleta de la boca, al volver de la pesca a media mañana, los pescadores varaban sus botes bajo el alboroto de las gaviotas en vuelo entreverado. Y las toninas, numerosas como las olas, parecían en sus brincos querer hacer lo mismo.Como entonces, contemplaba el momento desde lo alto de la loma, rodeados de los aromas.
Pero lo sabe casi inmediatamente: eso ya no existe.
Fue breve ese instante
, a lo mejor no más que un segundo que en la memoria se ha multiplicado en muchas veces. Pero también pudo haber sucedido muchas veces en largas contemplaciones.
O no sucedió nunca y lo imagina.
