14/5/18

La ausencia de don Baruj

Don Baruj dejó de venir varias semanas. Al principio, a los tres o cuatro días de ausencia, supusimos que, como ya lo había hecho otras veces, andaría de viaje. Pero cuando pasaron una semana y dos sin que se apareciera en el café comenzamos a preocuparnos. Llegamos a pensar, los más melodramáticos, en lo peor y que ya no lo veríamos entrar calladamente como siempre lo ha hecho y pasar entre las mesas hasta la suya en el rincón junto a la ventana que da a la calle. Esa calle que a él le gusta contemplar por la gente que va y viene--de pasada--por la pantalla viva del cristal que le permite mirar el mundo exterior desde el retiro de su propio mundo.

Hacia la quinta semana de ausencia, por fin alguien lo vio comprando unas alcachofas en la verdulería del barrio y alguien más dijo haberse topado con él en el paseo de la costanera, donde caminaba lentamente contemplando el mar, agitado esa mañana después del temporal. No se atrevieron a hablarle porque uno lo vio completamente concentrado en elegir la mejor verdura y el ensimismado frente al mar, obviamente inaccesible.


Dos días después de estos encuentros don Baruj vino al café y, como si no hubiera estado ausente más de un mes, caminó como siempre entre las mesas hasta la suya.

Por cierto, ninguno de nosotros--conociéndolo--dimos muestra alguna del contento que nos produjo verlo de nuevo.

Mientras esperaba que lo fuéramos a atender, sacó don Baruj del bolsillo interior de la chaqueta una flamante libreta importada y una pluma también probablemente nueva--en cada viaje que hace compra al menos una que agrega a las tantas que ya tiene--y se puso a escribir. Apenas si levantó la cabeza para ordenarle al mesero lo que éste ya le traía ostentosamente en bandeja: un juego de té de porcelana, la tetera humeante de la infusión recién preparada.

--Bienvenido, don Baruj--le dijo el muchacho sin poder contener su alegría.

--Gracias--respondió don Baruj. Y cuando el mesero ya se iba agregó--¿No lo soy todos los días?¿Por qué decírmelo ahora?

Nos quedamos sin saber la razón de su ausencia de tantos días.

--Yo diría--dijo el que dice conocerlo bien--que andada de viaje en otra era. Se le nota en ese dejo de nostalgia con que mira hacia afuera. Como si esperara a alguien que no podrá venir desde el pasado.

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