11/9/20

Don Baruj y la casualidad


De la casualidad no se puede hablar, sino sólo manifestar sorpresa, opina don Baruj.

Insiste en que, contra todo plan que se tenga--inmediato o a futuro.--, contra toda disciplina personal, contra toda razón y voluntad, se opone la impredecible e insistente casualidad.

Se impone.

--¿No es acaso una casualidad--nos pregunta con su acostumbrado interrogar retórico--el que estemos conversando aquí y ahora y no andemos cada cual ocupado en lo propio en otro lugar cualquiera?

Ha venido al café a una hora no acostumbrada a causa de un asunto inesperado--del que no dio detalles--que le obligó a cambiar su precisa rutina.

Y este cambio de horario que la casualidad produjo, significó que al llegar al café a deshora se encontrara en la puerta con quien en ese instante, por casualidad, también entraba y, no sabiendo del horario habitual de don Baruj, se alegra, sorprendido de verlo por fin, después de tanto tiempo sin haber podido dar con él por ninguna parte.

Emocionado abraza a don Baruj con espaviento.

--Es éste un abrazo de casualidad--murmura don Baruj, sin abrazar del todo --reacio a las efusiones--al espaventoso antiguo concido que lo ha encontrado . . . por casualidad.



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